20.6.10

Por culpa de Eva, o acaso de Lilith, o por capricho divino, se ha instalado en lo terrenal una muy lamentable situación, en la que, dicen que por intervención del libre albedrío, feroces criaturas disfrutan de placeres y de riquezas incalculables, mientras que seres sin tacha absorben las máximas miserias mundanas, enfermedades, laceraciones y desamores. Parece ser que más tarde esa pervertida amalgama humana, con la muerte, se destila, y que tras el juicio final se incoa un procedimiento por siempre equitativo y, conforme a los méritos morales, se bifurcan los caminos de otro modo: los inocentes van al paraíso, donde eternamente vivirán la gloria y el perdón, y los culpables se destinan al infierno, donde sufren eternos y despiadados castigos. Ay, ojalá.

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